Visita al Castillo
Por más que el tiempo no acompaña, estamos
recorriendo todo lo que podemos.
Fuimos al Castillo y visitamos sus enormes salones;
La Catedral, la Torre del Castillo y, luego, subimos
a la torre panorámica del Puente de Carlos con sus…
y pico de escalones, desde donde se puede admirar
una vista panorámica de Praga.
Recorrimos la Calle de los Artesanos y me saqué una
foto en la que era de Kafka y que parece una casita
liliputiense. Vimos sus artesanías y nos atiborramos
los ojos como turistas verdaderos con todas las
baratijas tradicionales.
Almorzamos a eso de las seis de la tarde y dimos un
paseo en bote por el río, desde donde hay una
perspectiva de la ciudad diferente a la que se ve
desde tierra.
Hay en Praga 300 torres de iglesias y ellas sobresalen
por sobre todos los tejados, con sus cúpulas negras,
doradas y verdes.
Fue una visita de todo el día que valió la pena.
Ayer estuvo el tiempo amenazante todo el día, por lo
que fuimos a dar una caminata por el bosque que
hay detrás de la casa de mis amigos, y desde donde
se puede apreciar, a lo lejos, desde el Castillo hasta
la Catedral... saqué fotos, pero no sé si se apreciarán
en ellas los detalles.
Hoy amaneció de nuevo lluvioso y, aunque nos
disponíamos a salir, todavía no sabemos si lo haremos,
ya que ahora llueve mucho.
De todas maneras, al tener tiempo suficiente, esto no
se hace dramático, sino que son días que se
aprovechan para leer o, como ahora, para escribir.
También para cocinar, como ayer, en que preparé una
sopa castellana de la cuál me dieron la receta en
Madrid y que gustó mucho, según el valioso testimonio
de los conocedores.
Los chorizos colorados que compramos en Madrid para
traer a Praga, son buenísimos y cumplieron con su
cometido al sazonar esa sopa.
Esta noche saldremos a cenar pizza a un lugar cercano
que se llama “Siesta”...nombre raro para Praga, ¿no?
Hasta ahora, todo lo que he visto me resultó
impresionante.
Pero hay una diferencia fundamental en lo que
respecta a pinturas y riqueza de Palacios.
Ninguno ha sido como los que visitamos en España.
Ni el de Schönbrunn en Viena, ni el Castillo aquí en
Praga, tienen la majestuosidad y fastuosidad que
hemos admirado en España.
Aquí, lo que supera a todo, es la arquitectura, las
callecitas que conducen a jardines, pequeñas plazas
o rincones pintorescos, los techos, con sus adornos
dorados, los jardines, como el que vimos ayer, que
fue mandado a hacer tratando de imitar las
estalactitas de una cueva y que atrapa como un
sueño psicodélico o una obra de Gaudí.
Entonces a Praga hay que admirarla caminando,
recorriendo, mirando hacia arriba hasta que duela
el cuello y luego, al llegar a mitad de cuadra, darse
vuelta para mirar lo que quedó atrás y encontrarse,
con sorpresa, que aún había más y más.
Y un día como el de hoy, lluvioso, con bruma, con una
temperatura que invita a ponerse un abrigo, es para
recrear lo visto, archivarlo, revivirlo, comentarlo y
esperar a que salga el sol para llenarse otra vez de
paisajes.
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